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Silvio Rodríguez volvió a soltar sus ángeles para una “Segunda cita”

El trovador cubano Silvio Rodríguez, quien publicó el sentido álbum “Segunda cita”, suerte de segunda parte de “Cita con ángeles” (2003), explicó que el reciente trabajo “tiene como protagonistas a los ángeles de la guarda que velan por los cubanos”.

Sergio Arboleya / telam.com.ar

En comunicación con Télam a través de correo electrónico, Rodríguez detalló que “me propuse usar el mismo recurso de los ángeles de la guarda, que tratan de solucionar algunos problemas de los mortales. `Cita con ángeles` fue un disco inspirado por la agresión a Irak y ampliado a situaciones extremas de diversos momentos de la Historia y los países”.

Silvio, de 63 años, uno de los fundadores del Movimiento Nueva Trova Cubana y uno de los poetas más grandes de la canción iberoamericana, confió que esta continuidad entre ambos discos “es la primera vez que me la planteo”.

“La posible coherencia de cualquier trabajo cancionístico -abundó- se da generalmente en dos planos que se complementan: el ético y el estético. Y hasta que hacemos la última canción es, más o menos, una asignatura vigente”.

En medio de ambos trabajos, el autor de gemas como “Playa Girón”, “Te doy una canción”, “El necio” y “La Maza”, dio forma a “Erase que era” un cd doble donde visitó varias de sus primeras canciones.

Para “Segunda cita” se rodeó de jóvenes instrumentistas y registró sus temas “Toma”, “Tonada del albedrío”, “Carta a Violeta Parra”, “San Petesburgo”, “Demasiado”, “Sea señora”, “El gigante”, “Huracán”, “Bendita (yo fui una vez)”, “Segunda cita”, “Trovador antiguo” y “Dibujo en al agua II”.

-¿Cómo fue urdiendo el elenco de músicos que lo acompañan en el álbum?

-Oliver Valdés, el baterista, trabaja conmigo hace más de cinco años junto al trío Trovarroco y Niurka González. Robertico Carcassés, el pianista y director musical, vino a verme hace una década para que hiciéramos algo juntos.

El es un muchacho que constantemente tiene varios proyectos a la vez, a veces musicalmente muy diferentes. Le gusta la canción, las hace y ha acompañado a trovadores como Santiago Feliú. Aquella vez yo no podía pero lo tenía presente, sabía que iba a ocurrir.

Feliciano Arango, el bajista, fue fundador del grupo de Emiliano Salvador, un gran pianista y compositor fallecido, que fue compañero mío en el Grupo de Experimentación Sonora, a principios de los 70. José Carlos Acosta también viene del grupo de Emiliano. El resto son músicos habituales de Interactivo, ese elenco inmenso y variado que rodea habitualmente a Robertico Carcassés.

A Haydée Milanés la vi nacer y ahora la admiro por su voz maravillosa, además de que heredó el prodigioso oído de su padre.

Melvis hizo en 2008 una gira conmigo por 16 prisiones cubanas y la admiro y la quiero mucho. El resto son músicos de la sinfónica o alumnos del Instituto Superior de Arte, a los que siempre acudo.

-En “Segunda cita” se permite una nueva visita a la realidad cubana con “Sea señora” a la que usted mismo definió como “un exabrupto” ¿qué podría aportar como reflexión acerca del presente de su patria?

-“Sea señora” es un exabrupto porque salió como un borbotón. Es una de esas canciones que casi no se piensan, que ya están maduras cuando agarras la guitarra y brotan completas, de un tirón. Eso suele ocurrir cuando las ideas se han ido rumiando durante algún tiempo, antes de llevarlas a la práctica. Y es que a veces la realidad social no puede más -ni menos- que manifestarse.

-En el flamante repertorio aparecen explícitos homenajes a Violeta Parra y a César Portillo ¿además de que los cita como referencias propias qué puntos en común encuentra entre ambos autores?

-Ambos han sido genios de la canción popular, con obras que perdurarán mientras exista la costumbre de cantar.

-¿Tiene planeado salir a tocar “Segunda cita” por escenarios del mundo? ¿Cómo serían esos recitales? Y, en ese caso ¿puede arriesgar cuándo nos tocará a los argentinos de poder escucharlo nuevamente en directo?

-Si el disco gusta y veo que vale la pena salir a presentarlo, lo haría. Aunque para eso me tengo que poner de acuerdo con los músicos, porque todos tienen sus propios proyectos. Yo no quisiera condicionar un posible regreso a la Argentina a si gusta o si no gusta mi último disco. Ojalá no muy tarde tengamos la oportunidad de reencontrarnos.

-¿Puede adelantarnos algunos de sus próximos proyectos musicales?

-Ahora mismo escribo la música para “Afinidades”, la opera prima como directores de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz. Después me espera más música para cine, para un filme animado llamado “Meñique”.

Además estoy mezclando grabaciones inéditas que hice en los 80 con Afrocuba y en los 90 con Diákara. Son dos discos posibles para este año, con grupos semejantes en cuanto a calidad musical pero muy diferentes en sonoridad.

Paralelamente estoy haciendo canciones que, hasta ahora, supongo que van a salir a guitarra y voz. Sigo haciendo canciones, me gusta mucho hacer canciones, no creo que pueda parar.

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Entrevistas

Por la canción del libre albedrío

El cantautor habla en su nuevo trabajo de la revolución cubana y su actualidad

Por Verónica Pagés / De la Redacción de LA NACION.com.ar

Hace poco menos de un mes, Silvio Rodríguez presentó Segunda cita, su último disco, en el que regala doce poemas/canciones que vuelven a tener un aire acústico, despojado y sencillo, más cercano a sus primeros trabajos y en el que no ahorra opinión. Con apabullante claridad, el músico continúa en las filas de los que defienden la revolución y a sus hombres, pero igualmente se permite criticar y desear ciertos cambios que a estas alturas considera necesarios. Pero son las críticas y los deseos de un hombre que conoce lo que fue Cuba y lo que se consiguió, y eso no lo hace dudar de que en la isla se está en el camino correcto: “Me parece muy bien que el mundo hable de lo que desee, y también que los cubanos hagamos lo mismo”, dijo en la conferencia de prensa en la que presentó su disco. Mucho de lo que sucedió ese día en el largo encuentro cobijado en la Casa de las Américas de La Habana giró sobre el tema político, no podía ser de otra manera teniendo en cuenta la realidad cubana de los últimos tiempos a la que Silvio le pone el pecho, el alma y toda su poesía en muchas de las letras de las bellísimas canciones que conforman este disco.

Por momentos, es difícil saber si se trata de temas de amor romántico o de testimonio de amor revolucionario, pero ¿qué más da? El mismo devela -vía e-mail- desde Cuba la incógnita: “La canción es un arte participativo. Aspiro a que cada cual escuche las mías como su sensibilidad le indique. Para mí, es más que suficiente”.

-Si uno se queda con el lado testimonial de la canción, este disco se presenta como el más “político” entre los últimos. ¿Es así? De hecho se lo dedica al medio siglo del triunfo revolucionario de 1959.
-No veo este disco como más o menos político que otros. Lo que sí es obvio que algunas canciones hablan de asuntos urgentes de la Cuba actual. Es más evidente en temas como “Segunda cita” [“Quisiera enmendar los comienzos de todas las brumas. Quisiera empezar cada lienzo con mejor fortuna”]; en “Sea señora” [“Cuando las alas se vuelven herrajes, es hora de volver a hacer el viaje a la semilla de José Martí”], o en “Trovador antiguo” [“El nuevo trovador antiguo se acerca a la procesión. Le dice adiós al mundo ambiguo y pone pie en el caracol”], pero creo que esa motivación, de alguna forma, se pasea por casi todas las canciones, a veces más directamente y otras con más sutileza.

-¿Qué tendría que cambiar en la isla para que sintiera que la revolución crece, avanza y se reinventa?
-Durante los primeros 20 años, quizás un tiempo más, los ciudadanos sentíamos que la revolución jalaba de nosotros, que nos impelía hacia delante. Ahora uno siente que es la sociedad la que trata de jalar a la revolución. Yo creo que necesitamos encontrar el camino hacia un espíritu semejante al de entonces.

-Hay una frase de “Bendita” que me impactó: “Y que opinar deje de ser jugar con dinamita”. ¿Qué tan lejos o qué tan cerca están en Cuba de que esto no sea así?
-Creo que los espacios críticos se han ido ampliando cada vez más en Cuba, pero hace falta que esa verdad se generalice: que no se margine al que no opina igual, que exista el debate, aunque sea en términos antagónicos. A mí me parece que vamos a crecer con eso, que la revolución va a salir ganando y que también va a ganar el concepto universal de lo que es una revolución.

-En el disco está la “Tonada del albedrío” y en “Sea señora” dice: “Hágase libre lo que fue deber”. A esta altura, ¿el libre albedrío no tendría que ser normal? Hablo de la isla, pero también del mundo en general.
-Cuando yo tenía 14 años, en 1961, para mí era normal tener elementos de geografía, pero la familia que alfabeticé en la Ciénaga de Zapata no sabía que la tierra era redonda. Hay mucha desigualdad y mucha injusticia camuflada como “normal” en este mundo. Hay que llegar a otro estado de lo “normal” antes de hablar del libre albedrío.

-¿Cómo vislumbra el futuro cercano de Cuba? ¿Piensa que el gobierno cubano está más abierto a escuchar? Hasta los que están lejísimos de ser detractores de la revolución están pidiendo cambios. ¿Llegarán?
-El gobierno cubano, al menos en su mayoría, creo que está compuesto por hombres que antes que nada aman a su pueblo. En esa convicción se funda mi esperanza y por supuesto que mi apoyo.

-Musicalmente, ¿qué lo volvió a llevar hacia un territorio musical mucho más despojado?
-El trío de jazz, en sonoridad, viene a ser como el paso inmediato superior a la soledad del trovador y su guitarra. Además de que me gusta ese sonido, que es acústico, traté de no alterar mucho lo básico de las canciones. Fue algo que conversé y ensayé con los excelentes músicos que me acompañan: Roberto Carcassés, Oliver Valdés y Feliciano Arango.

-Sacar un nuevo disco lo expone a hablar mucho más de Cuba y su realidad que de música. ¿No lo cansa?
-No. Y pudiera decirse que me lo he buscado, por llevar cuatro décadas hablando lo que hablo y cantando lo que canto.

Y afortunadamente, Silvio Rodríguez sigue imaginando, deseando, escribiendo y cantando para un día poder escribirle una nueva “carta” a Violeta Parra, en la que pueda llevarle mejores noticias, o ver el día en que los hombres se atrevan a ser “mínimamente ellos”: “Eso sería maravilloso y creo que precisamente esa es la idea que han tenido en mente los grandes revolucionarios”.

SEGUNDA CITA
Silvio Rodríguez
Toma, Tonada del albedrío, Carta a Violeta Parra, San Petersburgo, Demasiado, Sea señora, El gigante, Huracán, Bendita (Yo fui una vez), Segunda cita, Antiguo, Dibujo en el agua.

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