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Del apremio de la metáfora al cambio social en Cuba

Leo, con pavor, el artículo “Aquella ofensiva”, de Guillermo Rodríguez Rivera. Un bloque de prosa extraño, pero sencillo y de muy potable lectura, que parte de la interpretación de un verso de una canción del nuevo disco –“Segunda Cita”- de Silvio Rodríguez y lleva, casi directamente, a la necesidad de incorporar el trabajo privado individual y de pequeñas y medianas empresas en Cuba.

Ejemplo de cuán polifacéticos y atrevidos solemos ser los cubanos, cansado de esperar en vano por la comparecencia del cuarto bate regular ideal: el economista avezado, -y para seguir la coda del lenguaje beisbolero del artículo de referencia-, el bateador emergente escritor, filólogo y profesor Guillermo Rodríguez Rivera, se lanza a la caja de bateo. Tiene a su favor el haber captado de inmediato la metáfora del trovador. Rodríguez Rivera ha vivido lo necesario como para saber de qué van las señas del amigo de generación. Quizás para otros -economistas y sociólogos incluidos-, el verso no pase de ser una franca alusión al proceso revolucionario en sí, o al burocratismo. Y punto. O punto y seguido. Sin embargo, he ahí su mérito, Rodríguez Rivera responde a la suave indirecta de la metáfora del cantautor como los economistas y sociólogos no han sabido responder a la angustia más que evidente de un proceso que pide, a todas luces y a puro grito, un cambio para mejor.

Esa la primera cosa que me da pavor del artículo publicado en la página de la UNEAC y en Rebelión: que sean los poetas y no los economistas y no los sociólogos y ni siquiera los políticos los que entren a la caja de bateo de lo que se va hacer con la economía cubana; que no se debata a foro abierto sobre un tema que signará el destino y la felicidad o la desgracia de todo un pueblo, que se malgaste, a toda pipa, tanta formación universitaria ofrecida, regalada, sudada.

Yo no sé si la privatización de los servicios menores será la solución al problema económico cubano. Ni tengo elementos ni me corresponde batear ese tenedor enmarañado. Pero sí me toca decir, por lo menos, que siento pavor de esa política de rebobinación alocada que puede sobrevenir, de la pérdida del pleno empleo, de la reducción de plantillas. Mi sencilla experiencia de trabajadora y ciudadana, me susurra que las “burbujas laborales” dependen mucho de la inadecuada distribución del trabajo, del mal diseño e indefinición de tareas, de la falta de proyectos de dirección y acción eficaces que establezcan directrices inteligentes y generen bienes y nuevos empleos.

Mi experiencia de cubana de a pie, me dice que allí donde entró la economía no-estatal, quedamos fuera unos cuantos. Y como no se trata precisamente de quiénes sino, en lo fundamental, de cuántos, creo que la carga que pedía Villena –que era también “para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos”-, no era una carga desesperada.

Gleyvis Coro Montanet

Rebelion.org

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