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Silvio Rodríguez: “Algo de mi época que me faltaba por hacer”

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El trovador Silvio Rodríguez ha concedido una entrevista aLa pupila insomne en que comenta las vivencias que le ha proporcionado su blog Segunda cita y también da su visión sobre Internet.   Silvio habla aquí de su relación con poetas como José Martí y García Lorca y de su especial admiración por Rubén Martínez Villena. En referencia a los cinco prisioneros políticos cubanos en Estados Unidos, el autor de Pequeña serenata diurna ha pedido al presidente Barack Obama que “escuche a Danny Glover”, quien es un tenaz activista en la lucha por su liberación.

-El detonante para esta entrevista ha sido la lectura del post “cierto resumen de noticias” que has publicado en tu blog Segunda cita. En él intentas una especie de balance después de cinco meses de lo que inicialmente llamaste “jugar a Dios”. Intentando un “resumen” no menos noticioso: ¿qué te ha aportado y qué te ha quitado la experiencia, si es que te ha quitado algo?

“Cierto que algunos amigos piensan que Segunda cita me ha quitado más de lo que me da. Lo dicen por la cantidad de trabajo que tengo siempre. No niego que a veces el blog me ha ocupado algo de tiempo, sobre todo desde Cuba, pero también me ha aportado. Yo creo que he vivido una experiencia contemporánea, algo de mi época que me faltaba por hacer y que hasta hace poco era imposible. Para mí ha sido un atisbo a lo que podría ser para algunos el mundo del mañana.”

-En la “página inicial” con que nació Segunda cita, contabas de tu sorpresivo encuentro con la posibilidad de Crear un blog, a propósito de un enlace que te enviara la trovadora venezolana Cecilia Tood. Realmente, ¿no habías imaginado antes esa oportunidad?

“Hay un sitio llamado Trovacub, que hacen unos hermanos y hermanas mexicanos. Ellos me habían construido un espacio que yo visitaba algunas veces, generalmente para publicar entrevistas. Pero lo que cuento en la primera entrada de Segunda cita pasó realmente: me dejé llevar por la pregunta “¿quieres hacer un blog?” y un par de minutos después ya lo tenía. ¿Y ahora qué?, me dije… y escribí el primer post. Tremenda sorpresa cuando lo vi publicado. En ese momento no imaginaba lo que sería después, aunque está claro que lo que ha pasado con Segunda cita está en consonancia con las circunstancias de su autor.”

En un medio en el que la filosofía predominante es compartir contenidos, siendo tú un autor cuyas letras y grabaciones están en numerosos sitios de la Red de redes, ¿qué piensas de temas tan debatidos como el derecho de autor y la propiedad intelectual en Internet?

“Filosóficamente yo nunca he sido muy apegado a los derechos de autor, aunque personalmente me haya beneficiado que existan. En 1968 hubo un congreso de cultura donde planteé que si el Estado iba a asumir la remuneración del trabajo ¿para qué necesitábamos los derechos de autor? Después la proliferación de medios de registro y reproducción, y ahora la Internet, le dieron golpes más duros a esos derechos que aquellas palabras que por poco me cuestan la vida. Hoy por hoy considero que cualquier trabajo que sea útil hay que retribuirlo de alguna forma.”

-Desde hace algún tiempo, a menudo andas acompañado de una cámara. Incluso, cuando publicaste el testimonio gráfico del encuentro con Fidel el pasado 26 de julio, tus fotos fueron reproducidas por numerosos medios de prensa ¿Segunda cita te ha animado a difundir más tu trabajo como fotógrafo?

“Desde que era niño me fascinaba disparar con cámaras, deporte considerado entonces mucho más caro que ahora. Así que, desde que mi trabajo me lo permitió, me hice de una cámara. Sin embargo en Segunda cita no he usado mucho de la fotografía, sobre todo porque escoger fotos y procesarlas para la web lleva un tiempito extra que a veces no tengo. Por otra parte tampoco resultan muy alentadoras las posibilidades de diseño que las plantillas de Google ofrecen.”

-Te has solidarizado de manera reiterada con nuestros cinco héroes prisioneros en Estados Unidos, y cuando recientemente cantaste en Washington hiciste un llamado directo al presidente Obama para que los libere. Si, como en un mensaje de   Twitter, tuvieras sólo un reducido número de caracteres para dirigirte a él sobre este tema, qué le dirías.

“Obama, escuche a Danny Glover.”

-La mayoría de los artistas utilizan los recursos de Internet como un medio para su promoción. En tu blog has hecho mucho más que limitarte a difundir tu obra, ¿quiere decir que para ti es más un medio de participación e intervención social que una vía para la promoción de tu trabajo artístico?

“Lo concebí abierto, como lo anuncio en mi primer post, como un espacio de intercambio. De pronto alguien pidió fotos y puse fotos. Otro nombró canciones y las puse. También he puesto ideas, poemas, imágenes y canciones de otros autores. A veces pongo enlaces con noticias, o sitios que me parecen interesantes. He ido combinando lo propio con lo ajeno, en función de lo que desee trasmitir. Para mí ha sido un aprendizaje de edición múltiple. Lo único que me falta por subir son imágenes en movimiento, porque ya puse hasta dibujos.”

-Tus más recientes giras -por Puerto Rico, Estados Unidos y México- han contado con tu propia “cobertura” y muchos se han puesto al tanto de lo sucedido primero en  Segunda citaque en la llamada gran prensa, ¿cuán diferente ha sido ahora para ti mismo, al contar con un espacio donde das tu propia versión de lo ocurrido?

“En realidad he trasmitido más bien detalles,   porque los requerimientos y la movilidad de las giras a veces no dan tiempo a profundizar mucho. Pero sí: alguito de la visión propia ha podido salir, como narrar la impresión acústica de un teatro o mostrar imágenes de una ciudad en medio del desierto.”

-Sucesos de las últimas semanas como la huelga general en España y la lucha contra el golpe de estado en Ecuador –a la que te sumaste desde tu blog-, o el uso que hace Chávez de Twitter, han demostrado que las redes sociales en Internet pueden ser una poderosa arma en manos de los movimientos de izquierda, ¿cómo lo ves tú?

“¿Y dónde me dejas los movimientos de derecha? Las redes sociales y la Internet, como todo lo que fabrica el hombre, se puede convertir en un arma y también en un escudo, incluso en un fin en sí mismo. Todo depende de quién lo use y para qué.Pero más allá de la ideologización, lo cierto es que la Internet, como la televisión o las ondas de radio, nos enlazan con el mundo distante. No se borran fronteras, pero se trasgreden. La Internet es la más reciente prueba de lo rápido que puede viajar cualquier idea, lo mismo sea verdad que mentira. Es otro espacio humano más, donde lo único objetivo es la tecnología.”

-Has publicado en el blog textos de Lorca, Martí y Rubén Martínez Villena, los tres son grandes poetas, pero sin dudas los une también lo que has llamado “poética de la reivindicación civil”, ¿hay una intencionalidad en destacar esa coincidencia, o se trata de algo que ha aflorado espontáneamente a partir de tus propias lecturas, preferencias literarias y también tu cercanía con esa poética?

“Son poetas cercanos, nunca dejo de leerlos, siempre vuelven. El blog lo llevo, además de por sugerencias, dejándome llevar por inspiraciones. Soy consciente de que esas musas pueden resultar algo irónicas, porque cuando terminas una canción y no te gusta, la deshechas; pero una vez publicado un mensaje es un poquito más comprometedor desaparecerlo, aunque supongo que tampoco será imposible.”

-En el caso de Rubén,     el poema que publicaste es Insuficiencia de la escala y el iris, del que alguna vez contaste que le pusiste música, ¿es señal de que por fin aparecerá en alguna grabación?

“Lamentablemente, no quiere decir eso. Hay sólo una grabación casera de ese texto. Aquella vez también le puse música a El cazador. Esos y otros poemas iban a ser un disco que nunca terminé.”

-Y una última, que es también sobre Rubén, con la licencia que se permite un blog llamado precisamente como su poema La pupila insomne. Desde los estudios Ojalá –que lideras- se ha convocado un concurso para musicalizar la poesía de Martínez Villena, ¿por qué escogieron su obra y no otra para esa convocatoria?

“Porque el año pasado se cumplían 110 años de su nacimiento. Fue entonces que tuve la idea, pero no tiempo para organizar el concurso. Otra razón de escoger a Rubén fue su vida, que se perdió temprano, que él hasta cierto punto ofrendó al bienestar colectivo. Siempre me ha conmovido que un joven tan talentoso haya tenido el valor de cambiar su brillante porvenir por ser un organizador de huelgas, un militante, un luchador social. No muchos seres humanos dejan señales como esa.”

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“Salvar a Correa es salvar a Ecuador”, sostuvo Silvio Rodríguez

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Fotografía captada por Silvio Rodríguez el 7 de agosto de 2009 durante su presentación en el Estadio Alberto Spencer de Guayaquil, concierto al que asistió el presidente Correa/ Cortesía Blog Segunda Cita

El cantautor cubano Silvio Rodríguez se sumó  a las voces internacionales que respaldaron al presidente de Ecuador, Rafael Correa y el estado de Derecho en el país sudamericano donde el pasado jueves un grupo de policías se sublevó contra el Gobierno, secuestró e intentó asesonar al Jefe de Estado, quien fue rescatado en un impresionante operativo.

“Con Correa. Salvar a Correa es salvar a Ecuador”, escribió Rodríguez en su blog Segunda Cita, ilustrado con una fotografía realizada por el autor de La Maza durante su última presentación en Guayaquil el 7 de agosto de 2009.

En ese entonces, Silvio se mostró “muy de acuerdo” con los cambios que se registran en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Paraguay, y otros países latinoamericanos en donde, dijo, “hay gobiernos que miran y tratan de partir de las necesidades de las mayorías para proyectar una política que beneficie a los que siempre han sido olvidados”.

“Me parece que es lo justo, que tiene que pasar, y hay que apoyarlos con todo lo que tengamos, con canciones, películas, artículos periodísticos, con acciones y con todo lo que podamos”, sostuvo.

Silvio Rodríguez se suma a un grupo de artistas e intelectuales latinoamericanos que el pasado fin de semana emitió un manifiesto en el que expresan su repudio al intento de golpe de Estado en Ecuador y su respaldo al presidente Rafael Correa.

León Gieco, Luis Eduardo Aute, Víctor Heredia, Vicente Feliú, el grupo Inti Illimani, Pablo Ignacio Taibo, Teresa Parodi, entre otros, consideraron el ataque “artero y violento” al Gobierno democrático de Correa como una ofensa y “un temible disparo por elevación al corazón de las democracias instaladas en nuestra América”. /ARC

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Silvio Rodriguez:“Siempre hay cosas por decir”

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El poeta cubano habla de su último disco, Segunda cita, de su compromiso social y político, y de la influencia de personajes como Atahualpa Yupanqui, Fernández Retamar y el Che Guevara.
Por Sergio Marelli / Periodista
Silvio Rodríguez pertenece a esa estirpe de juglares para quienes la palabra es un ardiente oficio que combina la siembra con el vuelo, alguien que no está en los mercados grandes de la palabra pero dice lo suyo a tiempo y sonriente. Rabelais decía no ser lo suficientemente docto como para tomar la luna con sus dientes, pero Silvio, trovador errante, enciende las hogueras, convoca luciérnagas y sabe el nombre de la chispa que salta de la crepitación hacia la noche. Su sed no se entretiene fácil, no acepta la poesía rumiante que no altera la digestión del poeta; su poesía es la de los labios que se endurecen para decir bellas palabras. No cría una posteridad de versos según los últimos cánones en boga. Va hacia donde arde la lágrima para convencer que la risa aún es posible. Agrega su paso a los pasos de los que emprenden la larga marcha hacia sí mismos “armados de pecho hasta la frente”, como dijo Vallejo. Hace crecer el plumaje del fuego para espantar todos los fríos, hacer del desabrigo, amparo, y de las resecas manos un cántaro donde los solos sacian su antigua sed; a ellos, los condenados por su rebelión, da su canción de amigo. Sus canciones, aun las de más explícito contenido social, jamás le confieren el carácter de predicador político. Siempre está en la búsqueda de un humanismo sin mordazas, sabe que el alma no es un asunto de tinieblas sino puro y ardiente compromiso terrestre. No es un repetidor de consignas a destajo, un publicista de nobles propósitos, un corredor de ideologías a domicilio. Pero tampoco es un abonado a la podrida pureza del arte puro y su abstracta geometría de almas bellas. Es un revolucionario. Antena que recoge noticias de la magia que anuda las hebras de lo cotidiano. Camina con una brújula encantada siguiendo el ejemplo de los que entregaron a una causa generosa hasta la última gota de sangre, hasta el último hálito de su aliento, convencidos de que la justicia sobre la Tierra no caerá de la distraída mano de Dios, sino será hija de la lucha. A ellos canta desbordado. La historia no es una vía muerta donde se herrumbra el tren de los sueños, piensa Silvio Rodríguez, por eso desecha tentaciones al lado de las cuales, las ofrecidas por el Maligno en el desierto, no son sino inocentes pregones de feria. “Asiente y eres cuerdo, disiente y eres de inmediato peligroso, y quedas atado a una cadena”, escribió Emily Dickinson; por eso Silvio Rodríguez es peligroso para los que quieren cortar la libertad a la medida de su impotencia, ajenos al espíritu de la revolución cuya estatura crece, incesantemente joven, imposible de ser aplastada bajo la inmensa osamenta de la burocracia. “Siempre tendré un enemigo con el semblante arrugado y más cansado que yo. Los que a lo largo de su sombra quieren cortar la medida de toda revolución.” Y, en su último disco, pide: “Superen la erre de revolución. Restauren lo decrépito que veo, pero déjenme el brazo de Maceo y, para conducirlo, su razón.” Este poeta sigue mirando el horizonte con ojos heridos de soñar, dando voces de amor a cuatro vientos, buscando su unicornio azul, apurando las ruinas del infierno, y así seguirá hasta el fin de sus horas, hasta convertirse en una chispa transitoria disuelta en las remotas antífonas que saben las cigarras.
–Tonada del albedrío es una canción dedicada al Che, ¿qué es lo que más te atrae de su recuerdo?
–Todavía admiro lo mismo que siempre admiré de él: que fue un hombre capaz de vivir como pensaba. También su insaciable compromiso con la verdad, lo que lo separaba de pensamientos revolucionarios ortodoxos.
–Sin duda sos un hombre comprometido políticamente; pero como artista, tu compromiso principal es con la belleza, casi no se te conoce un solo panfleto cantado. Me gustaría alguna reflexión tuya al respecto.
–Yo fui un joven que participó con entusiasmo en la transformación revolucionaria que se produjo en Cuba durante la década del ’60. Entonces trabajé en varios medios de prensa efectivamente muy políticos. Empecé a los 14 años en el semanario Mella, de la Unión de Jóvenes Comunistas; después estuve en la revista Venceremos, del Ejército de Occidente; por último trabajé en la revista Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Sin embargo en 1965 escribí una canción contra la discriminación racial que no era un panfleto, sino un reclamo humano. La única explicación que tengo para esto es que junto a mi compromiso social también fui desarrollando un gusto por la poesía y un hábito de lecturas que fue determinante como influencia, a la hora de escribir canciones.
–¿Cuáles son los retos a los que te enfrentás hoy como artista?
–En el fondo se parecen mucho a los que tenía cuando empezaba. Siempre hay cosas por decir, pero a veces no sale una nota. Otras uno ve una servilleta, pide una pluma prestada y aparece un montón de palabras. Para mí lo decisivo es tener ganas. Siempre que hay verdaderas ganas, aparece algo.
–¿Por qué te declarás un trovador antiguo?
–Porque llega un momento en que lo que fue considerado actual empieza a formar parte de la tradición. La tradición es como una tropa fantasma a la que se le van sumando almas. Cuando nos llega esa hora, lo que llaman actual son unos jovencitos que se parecen a uno mismo cuando tenía 40 menos. Es algo que se ve clarito.
–En este último disco hay una canción que hiciste con Víctor Heredia. Hablanos de ella, ¿cómo nació?, ¿cómo te resulta la experiencia de componer con otro?
–No compongo a menudo con otros. Pero Víctor me mandó un poema sobre los niños y no tuve más remedio que ponerle música porque tiene un lenguaje muy tierno. Dice, por ejemplo: “Tu risa enharinada”. Eso me sedujo y le hice una música que me pareció como argentina, aunque no sé, puede que sea una percepción personal. Él incluyó este tema, que se llama Lo cierto, en su último disco. Yo lo iba a poner en Segunda cita, pero después se me ocurrió dejarlo para más adelante y juntarlo con otras canciones con amigos.
–Recuerdo haber visto un recital tuyo, en Buenos Aires, en la primera fila del teatro estaba Atahualpa Yupanqui, quien se puso de pie para aplaudirte. Antes de ponernos de pie nosotros, para aplaudir la memoria de Atahualpa, te pido me cuentes cuándo lo conociste y qué recuerdos tenés de él.
–Conocí a Don Ata en febrero de 1985, en Berlín. Fui a disfrutar de un concierto que él daba y, al final, de fresco, me acerqué a saludarlo. No sabía si le iba a gustar que lo fueran a ver tras la actuación, pero me recibió con calidez y hasta me dejó tocar su guitarra. Al día siguiente comimos en Alexander Platz, donde le hablé de amigos comunes que lo mentaban mucho, como Alfredo Zitarrosa y Naldo Labrín. Tiempo después le escribí una cartita y la puse en un disco. Angel Parra me contó que eso le había gustado. Después nos vimos aquella vez en Buenos Aires, pocos meses antes de su muerte. Yo estaba con Eduardo Aute y Yupanqui nos citó en un lugar llamado Los Teatros. Allí lo invité a mi concierto. Me llamó la atención que sólo pidiera una entrada. Pensé que no iba a ir. Así que fue una gran sorpresa saber que estaba aquella noche en la sala. Recuerdo que cuando le dediqué el concierto, el teatro, de pie, lo aplaudió a rabiar. En medio de aquella ovación fue la última vez que lo vi.
–En Segunda cita hay una canción basada en un relato oral de García Márquez. ¿Cómo fue esa reunión cumbre? ¿García Márquez ya escuchó la canción?
–Fue algo que pasó hace más de 20 años. Tomamos un avión de La Habana a México, con escala en Cancún. Por raro que parezca, durante la primera etapa del vuelo él y yo éramos los únicos pasajeros. En cuanto vi aquello supuse que era una de las cosas que le ocurrían a García Márquez todos los días y que yo sólo estaba allí para comprobarlo. Fue una travesía de nubes negras y saltos, así que nos necesitábamos el uno al otro. En ese ambiente fraterno él me contó de algunos argumentos pequeñitos que a veces se le ocurrían, casi como imágenes. Él pensaba que aquellas historias minúsculas podían ser canciones. Me contó dos o tres, y al menos dos de ellas las encontré después, puestas como de paso, en sus narraciones. No hay más nada que contar al respecto. Y no: no puede haber escuchado la canción todavía, aunque pienso mandarle un disco.
–Pasemos del gran novelista colombiano a un muy prometedor narrador cubano, ¿en dónde ha quedado el Silvio Rodríguez novelista? Hace algunos años intentaste probarte en esos terrenos.
–Permíteme que me sonría, pero me parece que te has confundido. Chico Buarque, Víctor Heredia y Amaury Pérez son los cantores novelistas. Yo sólo soy un fan de lo que son capaces de hacer.
–¿Cuáles son los misterios de los que te sentís más aficionado?
–Uno de mis primeros oficios fue el de dibujante. Eso es lo que más hice en aquellas publicaciones en que trabajé de adolescente. Desde entonces me aficioné a la fotografía, por sus valores plásticos, pero también por la alquimia de congelar el tiempo. Todavía ando con cámaras. Pudiera decirse que son mi violín de Ingres.
–Mirá hacia la puerta, acaba de entrar un cholo. Viene de la eternidad, pero él dice que nunca se fue de Santiago de Chuco, le han pegado duro con un palo y duro también con una soga; quiere sentarse a esta mesa, que le sirvamos un luminoso vino fraterno para seguir soñando, ¿qué le dirías?
–Que escuché a Ernesto Guevara recitar Los Heraldos Negros. Que lo busque por ahí, por donde andan, y le diga que se los recite, para que vea cómo se le ponen los huesos de gallina.
–¿Cuándo supiste de la existencia de la poesía?
–Mi padre me leía poemas cuando yo tenía 7 u 8 años. Esa fue la primera noción que tuve. La de un obrero agrícola, con segundo grado de escolaridad, que leía en voz alta Los motivos del lobo, de Rubén Darío.
–Hiciste algunos recitales poético-musicales con un quijote hamletiano del Caribe, Roberto Fernández Retamar. Contanos de esa experiencia, y trazá una semblanza de él.
–No me parece que a Roberto le pueda servir de mucho una valoración mía, aunque en verdad es un querido amigo desde hace años. Él ya era director de la revista cuando yo llegué, jovencito, a Casa de las Américas en 1968. Incluso ya tenía toda una trayectoria literaria, amigo de Lezama y del maravilloso grupo que fundó la revista Orígenes. Cuando yo le conocí, Roberto ya era una de las voces poéticas principales de su generación y además era maestro de algunos de mis amigos, en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana. Roberto ha estado vinculado a muchas cosas que han sido importantes para mí. Para empezar, la mismísima Casa de las Américas y su fundadora, nuestra querida, imprescindible Haydeé Santamaría. Imagínate que recuerdo a Paco Urondo y veo a Roberto; a Roque Dalton y veo a Roberto; a Mariano Rodríguez y veo a Roberto; a Ernesto Cardenal y veo a Roberto; a Julio Cortázar y veo a Roberto… y siempre veo a Haydeé, que es como el alma de todas esas visitaciones. El año pasado, cuando se cumplió medio siglo de la Casa, lo invité a que hiciera conmigo un recital de poesía y canción, y Roberto, que nunca había leído sus poemas allí donde trabaja hace más de 40 años, tuvo el gesto espléndido de hacer el recital conmigo. Unos meses después lo repetimos en el Auditorio Nacional de México DF, con mucho éxito, por cierto.

–Si pudieras pegarte unas alas, para dónde volarías: el pasado o el futuro, ¿qué imaginás que verías o qué te gustaría ver?
–Me gustaría ver cosas que hoy pudieran considerarse imposibles: más respeto recíproco, menos peso de intereses mezquinos, más predominio de la solidaridad. Pura utopía.

–¿Qué puede más en vos, el desencanto o el deseo? ¿Es una batalla que siempre tiene el mismo ganador?
–Creo que en mí predomina el deseo, aunque a veces tenga días más oscuros.

–¿Tenés pensado venir a Argentina a presentar el disco?
–No le tengo mucha fe, internacionalmente, a Segunda cita. Es un disco, en cierto sentido, local. Empezando por Segunda cita, que está llena de referencias al último medio siglo de nuestra historia. Sea señora, Huracán, Trovador antiguo están bastante centradas en nuestra realidad. Pero si resultara gustar, claro que sí, con mucho gusto que lo haría.
|| Fuente: (SUR)

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Silvio Rodríguez volvió a soltar sus ángeles para una “Segunda cita”

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El trovador cubano Silvio Rodríguez, quien publicó el sentido álbum “Segunda cita”, suerte de segunda parte de “Cita con ángeles” (2003), explicó que el reciente trabajo “tiene como protagonistas a los ángeles de la guarda que velan por los cubanos”.

Sergio Arboleya / telam.com.ar

En comunicación con Télam a través de correo electrónico, Rodríguez detalló que “me propuse usar el mismo recurso de los ángeles de la guarda, que tratan de solucionar algunos problemas de los mortales. `Cita con ángeles` fue un disco inspirado por la agresión a Irak y ampliado a situaciones extremas de diversos momentos de la Historia y los países”.

Silvio, de 63 años, uno de los fundadores del Movimiento Nueva Trova Cubana y uno de los poetas más grandes de la canción iberoamericana, confió que esta continuidad entre ambos discos “es la primera vez que me la planteo”.

“La posible coherencia de cualquier trabajo cancionístico -abundó- se da generalmente en dos planos que se complementan: el ético y el estético. Y hasta que hacemos la última canción es, más o menos, una asignatura vigente”.

En medio de ambos trabajos, el autor de gemas como “Playa Girón”, “Te doy una canción”, “El necio” y “La Maza”, dio forma a “Erase que era” un cd doble donde visitó varias de sus primeras canciones.

Para “Segunda cita” se rodeó de jóvenes instrumentistas y registró sus temas “Toma”, “Tonada del albedrío”, “Carta a Violeta Parra”, “San Petesburgo”, “Demasiado”, “Sea señora”, “El gigante”, “Huracán”, “Bendita (yo fui una vez)”, “Segunda cita”, “Trovador antiguo” y “Dibujo en al agua II”.

-¿Cómo fue urdiendo el elenco de músicos que lo acompañan en el álbum?

-Oliver Valdés, el baterista, trabaja conmigo hace más de cinco años junto al trío Trovarroco y Niurka González. Robertico Carcassés, el pianista y director musical, vino a verme hace una década para que hiciéramos algo juntos.

El es un muchacho que constantemente tiene varios proyectos a la vez, a veces musicalmente muy diferentes. Le gusta la canción, las hace y ha acompañado a trovadores como Santiago Feliú. Aquella vez yo no podía pero lo tenía presente, sabía que iba a ocurrir.

Feliciano Arango, el bajista, fue fundador del grupo de Emiliano Salvador, un gran pianista y compositor fallecido, que fue compañero mío en el Grupo de Experimentación Sonora, a principios de los 70. José Carlos Acosta también viene del grupo de Emiliano. El resto son músicos habituales de Interactivo, ese elenco inmenso y variado que rodea habitualmente a Robertico Carcassés.

A Haydée Milanés la vi nacer y ahora la admiro por su voz maravillosa, además de que heredó el prodigioso oído de su padre.

Melvis hizo en 2008 una gira conmigo por 16 prisiones cubanas y la admiro y la quiero mucho. El resto son músicos de la sinfónica o alumnos del Instituto Superior de Arte, a los que siempre acudo.

-En “Segunda cita” se permite una nueva visita a la realidad cubana con “Sea señora” a la que usted mismo definió como “un exabrupto” ¿qué podría aportar como reflexión acerca del presente de su patria?

-“Sea señora” es un exabrupto porque salió como un borbotón. Es una de esas canciones que casi no se piensan, que ya están maduras cuando agarras la guitarra y brotan completas, de un tirón. Eso suele ocurrir cuando las ideas se han ido rumiando durante algún tiempo, antes de llevarlas a la práctica. Y es que a veces la realidad social no puede más -ni menos- que manifestarse.

-En el flamante repertorio aparecen explícitos homenajes a Violeta Parra y a César Portillo ¿además de que los cita como referencias propias qué puntos en común encuentra entre ambos autores?

-Ambos han sido genios de la canción popular, con obras que perdurarán mientras exista la costumbre de cantar.

-¿Tiene planeado salir a tocar “Segunda cita” por escenarios del mundo? ¿Cómo serían esos recitales? Y, en ese caso ¿puede arriesgar cuándo nos tocará a los argentinos de poder escucharlo nuevamente en directo?

-Si el disco gusta y veo que vale la pena salir a presentarlo, lo haría. Aunque para eso me tengo que poner de acuerdo con los músicos, porque todos tienen sus propios proyectos. Yo no quisiera condicionar un posible regreso a la Argentina a si gusta o si no gusta mi último disco. Ojalá no muy tarde tengamos la oportunidad de reencontrarnos.

-¿Puede adelantarnos algunos de sus próximos proyectos musicales?

-Ahora mismo escribo la música para “Afinidades”, la opera prima como directores de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz. Después me espera más música para cine, para un filme animado llamado “Meñique”.

Además estoy mezclando grabaciones inéditas que hice en los 80 con Afrocuba y en los 90 con Diákara. Son dos discos posibles para este año, con grupos semejantes en cuanto a calidad musical pero muy diferentes en sonoridad.

Paralelamente estoy haciendo canciones que, hasta ahora, supongo que van a salir a guitarra y voz. Sigo haciendo canciones, me gusta mucho hacer canciones, no creo que pueda parar.

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Por la canción del libre albedrío

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El cantautor habla en su nuevo trabajo de la revolución cubana y su actualidad

Por Verónica Pagés / De la Redacción de LA NACION.com.ar

Hace poco menos de un mes, Silvio Rodríguez presentó Segunda cita, su último disco, en el que regala doce poemas/canciones que vuelven a tener un aire acústico, despojado y sencillo, más cercano a sus primeros trabajos y en el que no ahorra opinión. Con apabullante claridad, el músico continúa en las filas de los que defienden la revolución y a sus hombres, pero igualmente se permite criticar y desear ciertos cambios que a estas alturas considera necesarios. Pero son las críticas y los deseos de un hombre que conoce lo que fue Cuba y lo que se consiguió, y eso no lo hace dudar de que en la isla se está en el camino correcto: “Me parece muy bien que el mundo hable de lo que desee, y también que los cubanos hagamos lo mismo”, dijo en la conferencia de prensa en la que presentó su disco. Mucho de lo que sucedió ese día en el largo encuentro cobijado en la Casa de las Américas de La Habana giró sobre el tema político, no podía ser de otra manera teniendo en cuenta la realidad cubana de los últimos tiempos a la que Silvio le pone el pecho, el alma y toda su poesía en muchas de las letras de las bellísimas canciones que conforman este disco.

Por momentos, es difícil saber si se trata de temas de amor romántico o de testimonio de amor revolucionario, pero ¿qué más da? El mismo devela -vía e-mail- desde Cuba la incógnita: “La canción es un arte participativo. Aspiro a que cada cual escuche las mías como su sensibilidad le indique. Para mí, es más que suficiente”.

-Si uno se queda con el lado testimonial de la canción, este disco se presenta como el más “político” entre los últimos. ¿Es así? De hecho se lo dedica al medio siglo del triunfo revolucionario de 1959.
-No veo este disco como más o menos político que otros. Lo que sí es obvio que algunas canciones hablan de asuntos urgentes de la Cuba actual. Es más evidente en temas como “Segunda cita” [“Quisiera enmendar los comienzos de todas las brumas. Quisiera empezar cada lienzo con mejor fortuna”]; en “Sea señora” [“Cuando las alas se vuelven herrajes, es hora de volver a hacer el viaje a la semilla de José Martí”], o en “Trovador antiguo” [“El nuevo trovador antiguo se acerca a la procesión. Le dice adiós al mundo ambiguo y pone pie en el caracol”], pero creo que esa motivación, de alguna forma, se pasea por casi todas las canciones, a veces más directamente y otras con más sutileza.

-¿Qué tendría que cambiar en la isla para que sintiera que la revolución crece, avanza y se reinventa?
-Durante los primeros 20 años, quizás un tiempo más, los ciudadanos sentíamos que la revolución jalaba de nosotros, que nos impelía hacia delante. Ahora uno siente que es la sociedad la que trata de jalar a la revolución. Yo creo que necesitamos encontrar el camino hacia un espíritu semejante al de entonces.

-Hay una frase de “Bendita” que me impactó: “Y que opinar deje de ser jugar con dinamita”. ¿Qué tan lejos o qué tan cerca están en Cuba de que esto no sea así?
-Creo que los espacios críticos se han ido ampliando cada vez más en Cuba, pero hace falta que esa verdad se generalice: que no se margine al que no opina igual, que exista el debate, aunque sea en términos antagónicos. A mí me parece que vamos a crecer con eso, que la revolución va a salir ganando y que también va a ganar el concepto universal de lo que es una revolución.

-En el disco está la “Tonada del albedrío” y en “Sea señora” dice: “Hágase libre lo que fue deber”. A esta altura, ¿el libre albedrío no tendría que ser normal? Hablo de la isla, pero también del mundo en general.
-Cuando yo tenía 14 años, en 1961, para mí era normal tener elementos de geografía, pero la familia que alfabeticé en la Ciénaga de Zapata no sabía que la tierra era redonda. Hay mucha desigualdad y mucha injusticia camuflada como “normal” en este mundo. Hay que llegar a otro estado de lo “normal” antes de hablar del libre albedrío.

-¿Cómo vislumbra el futuro cercano de Cuba? ¿Piensa que el gobierno cubano está más abierto a escuchar? Hasta los que están lejísimos de ser detractores de la revolución están pidiendo cambios. ¿Llegarán?
-El gobierno cubano, al menos en su mayoría, creo que está compuesto por hombres que antes que nada aman a su pueblo. En esa convicción se funda mi esperanza y por supuesto que mi apoyo.

-Musicalmente, ¿qué lo volvió a llevar hacia un territorio musical mucho más despojado?
-El trío de jazz, en sonoridad, viene a ser como el paso inmediato superior a la soledad del trovador y su guitarra. Además de que me gusta ese sonido, que es acústico, traté de no alterar mucho lo básico de las canciones. Fue algo que conversé y ensayé con los excelentes músicos que me acompañan: Roberto Carcassés, Oliver Valdés y Feliciano Arango.

-Sacar un nuevo disco lo expone a hablar mucho más de Cuba y su realidad que de música. ¿No lo cansa?
-No. Y pudiera decirse que me lo he buscado, por llevar cuatro décadas hablando lo que hablo y cantando lo que canto.

Y afortunadamente, Silvio Rodríguez sigue imaginando, deseando, escribiendo y cantando para un día poder escribirle una nueva “carta” a Violeta Parra, en la que pueda llevarle mejores noticias, o ver el día en que los hombres se atrevan a ser “mínimamente ellos”: “Eso sería maravilloso y creo que precisamente esa es la idea que han tenido en mente los grandes revolucionarios”.

SEGUNDA CITA
Silvio Rodríguez
Toma, Tonada del albedrío, Carta a Violeta Parra, San Petersburgo, Demasiado, Sea señora, El gigante, Huracán, Bendita (Yo fui una vez), Segunda cita, Antiguo, Dibujo en el agua.

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